martes, 16 de septiembre de 2008

A una máquina de acordes perdidos

Te recuerdo en un sonido lejano.

Mis manos balbuceaban
un bossa nova cálido.

Eras mi amante preferida,
mi acompañamiento desde la niñez
hasta la esperanza de morir
en los brazos de la noche,
y yo acostado a tu lado
reía desfigurado
por tu figura perfecta
y tus recovecos finos y ondulados.

Yo te recuerdo
cuando mis dedos entonaban un Blues
y me sonreías
en una apasionada velada interminable.

De ti aprendí
que la improvisación
era del corazón,
sobre tu puente
de madera nativa y sonora
que enardecía mis melodías
y mi ideográfico tambor.

Te recuerdo sentada
sobre mi regazo,
sobre la locura,
sobre notas infinitas,
sobre la melancolía,
y tus cabellos metálicos
destruían mis dedos
que los acariciaban sin cesar.

Yo sin ti morí
para quedarme
en el cementerio de las luces.

Yo sin ti crecí
para el infierno de lo sublime.

Yo fui feliz sin tí
pero también contigo

¿Por qué le diste
amor constante y abrigo
a este zombie raquítico?

Yo te amo y te amé;
fuiste mi cómplice en las lunas
y mi enemigo en las tardes.

Serás mi grandeza y mi desastre,
y te recordaré al tocarte,
y me recordarás al recordarte
que mis cantos fueron ganas de desearte.

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Por Liniers

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Alberto Montt